ISLA DE PATOS Y LA GUAYANA ESEQUIBA: a propósito del Tratado del 16 de febrero de 1942

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Date: Tuesday, 6 December 2022, 9:25 AM

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Jairo Bracho Palma


1. ISLA DE PATOS Y LA GUAYANA ESEQUIBA: a propósito del Tratado del 16 de febrero de 1942


Trinidad española

La real cédula del 8 de septiembre de 1777, separa de la jurisdicción del Nuevo Reino de Granada, las provincias de Cumaná, Guayana, Maracaibo, y las islas de Margarita y Trinidad, agregándolas en los gubernativo y militar, a la Capitanía General de Venezuela. En lo judicial, Maracaibo y Guayana dependerían de la Audiencia de Santo Domingo.[1]

La Gobernación de Trinidad sirvió de soporte activo a los corsarios estadounidenses durante su Guerra de Independencia, proporcionándoles abrigo contra unidades navales inglesas, y abasteciéndolas de pertrechos.[2]

Finalizada la Paz de Versalles  (3 de septiembre de 1783),[3] España disfrutó de diez años de relativa tranquilidad en sus posesiones americanas, en consecuencia, dominó el mar Caribe.

La Corona impulsó políticas de apertura comercial, reordenamiento territorial, expediciones científicas, etc. En el caso de Trinidad, estas medidas fueron exitosas.

La real cédula del 24 de noviembre de 1783, promulgó un reglamento de población y comercio para la isla de Trinidad. Básicamente, permitió la inmigración de extranjeros católicos y el comercio a tasas preferenciales.[4] El flujo comercial se triplicó en tres años. De forma gradual, llegaron ingenieros, cartógrafos, tropas y marina.[5]

 

La estrategia inglesa

Inglaterra mantuvo unas desfavorables condiciones estratégicas en el Caribe, en función de sus políticas de penetración en Tierra Firme (actuales Venezuela, Colombia y Panamá). Las posesiones inglesas en el Arco de Ulises eran dispersas. Jamaica, cerca del seno mejicano, estaba tan al oeste, que su flota tardaría hasta tres semanas para auxiliar a Barbados. Por su parte, esta isla, de buenas condiciones de abrigo, tenía una superficie muy pequeña. Así se explica, el interés británico por adquirir nuevas colonias situadas a barlovento. En una oportunidad, propuso la compra de Trinidad.[6]

La pérdida de las colonias norteamericanas, y el fin de la guerra supuso para el nuevo gabinete inglés, graves problemas  económicos y estratégicos.

Marinos de guerra en su mayoría, y mercantes, quedaron sin empleo al finalizar el conflicto, unos 60.000 aproximadamente. Estos, al contar  con  pericia en las maniobras de abordo y en el manejo de la artillería, podía convertirse en una envidiable dotación de cualquier flota extranjera.

Los norteamericanos habían incrementado su tonelaje de embarcaciones (533 barcos)  en las islas de barlovento, llegando a desplazar a seiscientas unidades mercantes ingleses.

Típico de la hipocresía de un gobierno acostumbrado al intercambio en condiciones escandalosamente ventajosas, ahora la libre navegación y el comercio, de acuerdo a la oferta y demanda, origen de tantas guerras, de pérdidas humanas y económicas, les parecía que no debía de ser ni tan libre ni tan competitiva.

Las medidas que beneficiaban a los comerciantes norteamericanos, garantizadas en el Tratado de Navegación y Libre Comercio suscrito entre Inglaterra y el naciente Estado en 1783, fueron derogadas cinco años después.[7]

 

Los ingleses necesitaban dominar la ruta de los vientos de Tierra Firme, para acceder a los mercados de Cumaná, Caracas, Puerto Cabello, Maracaibo, Cartagena y Nicaragua, y penetrar al corazón de Venezuela: Barinas y Angostura: La isla de Trinidad brindaba esas condiciones. Por otra parte, las islas francesas de San Vicente, Grenada y Santa Lucía, debían ser vigiladas y controladas, sobre todo en el flujo de alimentos que salían desde Cumaná y desde el río Guarapiche. Tres fragatas y unos mil hombres era la fuerza estimada para concretar estas ideas.[8] Necesitaron mucho más que eso.

Parte de la estrategia inglesa preveía  el control  del río Orinoco. Sabían que el estado de defensa de los castillos que lo guarnecían a la altura de isla de Fajardo era débil. Además, contaban con el apoyo de algunos propietarios españoles, y cándidamente, de una parte de la población empobrecida, que a su juicio, les verían como sus salvadores.[9]

Pero nuevos factores vienen a determinar el ánimo del gobierno inglés para concretar sus ideas. Por un lado, la creciente ascensión de Napoleón, de quien pensaban erradamente, que tenía especial interés sobre América. El pueblo estadounidense simpatizaba con el nuevo orden francés. La solución más práctica: la conquista de Trinidad y el incentivo a particulares para la rebelión de las colonias españolas.[10]

Francisco de Miranda fue una pieza más en el escenario mundial. El escenario de mayor violencia de la Revolución Francesa, se había trasladado a las islas del Caribe, un escenario, en el que los conflictos ideológicos y racistas superaban la capacidad militar regular para enfrentarlos.

De tal manera que el gobierno inglés se propuso alentar a Miranda para Invadir Venezuela desde Cumaná y Maracaibo. Fomentar el nacimiento de una pequeña nación que llegaría hasta la margen izquierda del Orinoco, porque en una operación independiente, los ingleses conquistarían Angostura, Toda una labor patriótica y altruista de nuestros mentores.[11]

No one will doubt that is better for us, that South America should be under the government of Miranda than  of Bonaparte, but it is equally certain that by the interference of Britain, on liberal principle of conciliation, the same object would be obtained  with much more certainly.[12]

Conquistada Angostura, presionarían a  Miranda a negociar un acuerdo de libre comercio, lo que es lo mismo, el ingreso de manufacturas inglesas a cambio del productos agrícolas y mineros.  Estos detalles están explicados con profundidad en el Tomo II de esta colección.

Se estimaban  unos  quince mil hombres en lanchas cañoneras para concretar la toma de Angostura. Los estudios de las mareas y sitios de desembarco  en el río Orinoco fueron hechos con anterioridad.

En  coordinación con el movimiento operacional sobre el Orinoco, atacarían posiblemente Chile, con cuatro mil hombres y una respetable fuerza naval, y Cartagena de Indias con otros diez mil.[13]

La falta de tropas, fue la limitante para que todo aquello no se concretaran. 

Los ingleses fueron más allá. Conquistados los territorios holandeses del Demerara, Berbice y Esequibo, repartieron tierras cerca de Barima, lugar que no estaba en disputa territorial. 

El poder obtenido sin mayores méritos por dádiva del destino, generalmente vuelve soberbio y peligroso a quien lo ostenta, especialmente en los asuntos de Estado. Manuel Godoy no tomó medida alguna para contrarestar los planes en marcha.[14]


Fig. I. Despliegue estratégico de Inglaterra y Holanda en el siglo XVIII

Fig. I. Despliegue estratégico de Inglaterra y Holanda en el siglo XVIII

 


Trinidad inglesa

La escuadra del almirante Harvey se presentó frente a la rada de Puerto España en la madrugada del 16  de febrero de 1797.[15]  El general Ralph Abercromby desembarcó seis mil setecientos noventas hombres: seis regimientos de infantería, dos regimientos alemanes, un cuerpo de cazadores de negros y un bien dotado cuerpo de Artillería.

Con trescientos infantes y  milicias que al primer tiro huyeron al bosque, y los buques españoles echados a pique por decisión propia el gobernador de Trinidad, José María Chacón firmó la capitulación. [16]

El gobernador español firmó la capitulación. Se perdía para siempre una parte importante de Venezuela.

Con la fundación de la estación naval británica en Río de Janeiro en 1808, se creaba un triangulo estratégico entre ésta, Jamaica y Trinidad que cercaba las bocas del Orinoco.[17] San José de Trinidad fue declarado puerto libre poco después de su conquista .[18]

Los juicios de valor sobre hechos históricos, no son deseables en escritos con rigurosidad académica. Pero, el sentimiento que existe en la sicología del venezolano, es de una  sensación de despojo y susceptibilidad ante los problemas del territorio, no es casual ni producto de lo mediático, existen elementos reales, que merecen mayores análisis.[19]



[1]AGI. Caracas, 30. Real Cédula del 8 de septiembre de 1777.  

[2] AGI. Caracas, 150. El gobernador de Trinidad al Consejo de Indias, 1778.

[3] Alejandro Del Cantillo, Tratados, convenios y declaraciones del paz y de comercio que han hecho con las potencias extranjeras los monarcas españoles de la casa de Borbón desde el año de 1700 hasta el día, Madrid, Imprenta de Alegría y Charlain, pp. 574 – 584 y 586 – 590.

[4] AGI. Ultramar, 816. Real cédula del 24 de noviembre de 1783

[5] Jesse A. Noel,  Trinidad, Provincia de Venezuela, Caracas, Italgráfica, 1972, pp. 161 – 163.

[6] Héctor García Chuecos, Hacienda colonial venezolana, Contadores mayores e intendentes de Ejército y Real Hacienda, Caracas, Editorial Crisol, 1946, p. 24.  Noel,  Trinidad, Provincia de Venezuela..., p. 228 –229.

[7] British Library ( en adelante B.L). Additional Papers, 38352. Objects to admitted the ships of the United States into the port of own islands in the West Indies,  ff. 381-392. Pedro Pérez Herrero,  Comercio y mercados en América Latina colonial, Madrid, MAPFRE, 1992, p. 273. 

[8] BL.  Add. 36806. Luis Fliskale, Some observations on the probability of success in case an attack should be made on the island of  Trinidad, Santa Fe, Cumaná, Caracas, Nicaragua, Honduras and Guatemala, 1782.

[9] BL. Additional Papers, 36806. Luis Fliskale, Some observations on the probability of success in case an attack should be made on the island of  Trinidad, Santa Fe, Cumana, Caracas,  Nicaragua, Honduras and Guatemala, November, 16 of 1782, ff. 161 – 178.

[10] Unos de ellos, llamado Mr. Pent,  esperaba  que “todas sus inversiones las recuperará una vez Santa Fe se Subleve”. AGI. Caracas, 96. El gobernador de Venezuela al virrey de Santa Fe, 22 de marzo de1800.

[11] British Library. Additional Papers, 3885. Mr. Suliver, planes para enviar una fuerza a Portugal, 1806, ff. 170–182. BL. Additional Papers, 37884. Lord Selkirk Windham, Observations on the propose expedition against Spanish America, June, 7 of 1806, ff. 9-24

[12] BL. Additional Papers, 37884. Lord Selkirk Windham, Observations on the propose expedition against Spanish America, June, 7 of 1806, f. 22.

 

[13] BL. Additional Papers, 3885. Mr. Suliver, planes para enviar una fuerza a Portugal, 1806, ff. 170 – 182.  BL. Additional Papers, 37884. Lord Selkirk Windham, Observations on the propose expedition against Spanish America, June, 7 of 1806, ff. 9-24. BL. Additional Papers, 883, Observaciones acerca del río Orinoco, posiblemente 1801, f. 268.

BL. Additional Papers, 37884. To general Carwfurd, Downing Street, October, 30 of 1806, f. 220.

[14]Vid. tomo II para ampliar la información.

[15] William Laird Clowes, The Royal Navy, London, Chatam Publishing, 1997, V. IV, p. 333. Juan Manuel Zapatero, La Guerra en el Caribe en el siglo XVIII, San Juan de Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1964, pp. 422-423.  Ocupación de la isla de Trinidad, formato en disco compacto,  Armada de Venezuela y Archivo General de la Nación, Caracas, AGN - Armada, 2002.  Relación de las tropas y buques que ocuparon la isla de trinidad en 1797 al mando de Ralph Abercromby, general en jefe de los Ejércitos de su majestad británica, y coordinadas por los buques al mando del almirante Henry Harvey, f. 008, criterio de búsqueda: Harvey. AGI. Caracas, 508. El intendente a Don Diego Gardoqui, 14 de marzo de 1797.

[16] Un tercio de las tropas enviadas desde España y de las dotaciones de la escuadra de Apodaca había perecido meses antes por efectos de la fiebre amarilla. Ocupación de la isla de Trinidad, 1797,.....  Don José María Chacón al gobernador de Venezuela, 27 de febrero de 1797. Criterio de búsqueda: Chacón. “Cláusulas de capitulación que constan de diez y nueve (19) artículos para la entrega de la isla de Trinidad suscrito, por José María Chacón, comandante y gobernador general de la isla de trinidad y el general en jefe de los ejércitos británicos Ralph Abercromby, y Henry Harvey almirante de las fuerzas navales británicas,  18 de febrero de1797, ff. 9 – 10v” en Ocupación de la isla de Trinidad, 1797,..... Criterio de búsqueda: Harvey.

[17] The Navy and South America, 1807 – 1823, Ed. Gerald S. Graham and R.A. Humphreys, London, Navy Record Society, 1962, pp. XXIV-XXV.

[18] Thompson, The Geographical and….,V.V, pp. 306–307.

[19]Vid. tomo II para ampliar la información.


1.1. Isla de Patos y la Roca del Soldado


Las desgracias de la naciente República no terminaron con la separación de la Gran Colombia. La ayuda inglesa a la emancipación latinoamericana vino con veneno. No fue filantrópica, menos gratuita. Confirmada la posesión de Trinidad por la Paz de Amiens, las miras apuntaron hacia Orinoco y Guayana,  y al control de las costas de Paria.

La isla de Patos se encuentra a 2,3 millas de la costa de Paria. Inglaterra comenzó a reclamarla como suya sin dar mayores explicaciones.

 

Incidentes e instrumentos jurídicos de las partes

El gobierno venezolano declaró la isla como parte del territorio, mediante el Decreto del 30 de mayo de 1855. El acto jurídico no fue reconocido por Inglaterra.

El apresamiento de un mercante inglés por una cañonera venezolana en aquella jurisdicción, fue protestado  cuatro años después.

La esencia del problema radicó en que el antiguo gobernador de la Trinidad española había concedido al Cabildo, la isla de Patos, con lo cual, se presumía que formaba parte de la gobernación.

El gobernador de Trinidad  comunicó tal antecedente al ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, el 28 de mayo de 1859.

El gobierno venezolano no encontró algún instrumento diplomático indiano del siglo XVIII o anterior que confirmara la teoría inglesa. Por ello, se valió de testigos de la época. Sustanciadas las declaraciones, llegó a la conclusión de que Inglaterra comenzó a pretender la isla a partir de 1859.

El Archivero de Indias ( España) fue consultado. Confirmó la tesis venezolana  en 1872. Negó la existencia de algún acto regio de cesión al Cabildo de Trinidad. Sólo encontró una toma de razón sobre la concesión local de las islas de Patos, Huevos y Mono del 24 de noviembre de 1783. Había sido un acuerdo entre los Cabildos cumaneses y trinitarios de eficacia transitoria, carente de real confirmación.

La cesión de la isla no fue incluida en el acta de rendición de la isla en 1797. Por su parte, en el artículo 4° de la Paz de Amiens (27 de marzo de 1802), se establecía la cesión de Trinidad, sin mencionar otros territorios. En el Tratado de Paz y Amistad celebrado entre Venezuela y España el 30 de marzo de 1845, en su artículo 2°, España renunciaba a las provincias de la antigua Capitanía General, y expresamente incluyó sus islas. La isla de Patos correspondía a la antigua Provincia de Andalucía. Como puede observarse, dos instrumentos internacionales, pesaban sobre la arbitraria pretensión inglesa.

A pesar de los justos títulos, Gran Bretaña jamás respetó acuerdo o instrumento legal que no fueran sus  propios intereses.

De una ingeniosa manera, Venezuela comprobó la pertenencia de la isla. Los duelos en Trinidad estaban prohibidos bajo pena de muerte. Isla de Patos servía para tales fines por su carácter extraterritorial, una característica reconocida por las autoridades locales inglesas.

Los incidentes por apresamientos de las autoridades venezolanas, y los correspondientes reclamos diplomáticos continuaron entre 1860 y 1872.

Entre dimes y diretes, el gobierno trinitario otorgó en concesión la isla de Patos a un súbdito británico en 1867, motivo de una enérgica protesta.

El gobierno venezolano insistió en el indiscutible hecho de que no existía documento alguno, ni prueba prima facia que le permitiera al gobierno británico posesionarse de la isla.

Según los postulados comunes del criterio del derecho internacional del siglo XVIII, los denominados  lugares incultos o desiertos, como las islas, podían ser poseídos sin hacer uso de ellos. Unos de los autores más conocidos, como Vattel, aconsejaba el deslinde perfecto de los  territorios para evitar los problemas que en tal sentido había dejado el Tratado de Utrecht.[1] 

El caraqueño Félix Abreu y Bertodano, en su Tratado Jurídico Político sobre pressas de mar y calidades que deben concurrir para hacerse legítimamente el corso, asignaba tanto al puerto como a la costa, una  distancia cien millas como mar territorial. Las islas adyacentes estaban sujetas al gobierno del  pueblo al que estaban adheridos. Por ejemplo, un ciudadano que guardaba la sentencia de  reino por cárcel, no  transgredía la pena  si se mantenía en el mar adyacente al mismo.[2]

El principio canónico de Ius ad rem, fue aplicado a las islas venezolanas. Señalaba el Consejo de Indias, que no obstante estar deshabitadas, pertenecían al Estado, por la cercanía al país ribereño: Persistía el dominio y posesión de aquellos terrenos tan legítimamente adquiridos por su Majestad.[3]

Nuestra Cancillería fue coherente en este  particular. Preparado debidamente el expediente, Venezuela removió de nuevo el asunto y pasó a la ofensiva  mediante una nota del 14 de noviembre de 1876, con copia para la Legación norteamericana. Solicitó al gobierno inglés que reconociera la soberanía venezolana sobre el territorio en disputa, sino, que fuera sometida a arbitraje.

El gobierno británico no respondió. De forma extraoficial pudo saberse su posición tres años después: el manido recurso de prescripción, y el dúctil tiempo para hacerlo efectivo, en este caso, de  sesenta y dos años. Para el territorio esequibo, en cambio, había impuesto cincuenta años.

La Cancillería venezolana fue contundente. No admitía la prescripción como título de adquisición de territorio, salvo en caso de verificarse por tiempo inmemorial.

Las notas diplomáticas del gobierno inglés de 1882 y 1883 por nuevos incidentes y concesiones, habían dejado a un lado la cortesía de estilo. Eran amenazantes y  sin mayores argumentos de los que concede la fuerza de la armas.

 

Siglo XX

Venezuela había recibido una de las mayores humillaciones de mano de Gran Bretaña con la sentencia del 3 de octubre de 1899,  bajo la indiferencia general de la comunidad internacional. El sentimiento anti-británico estaba presente en el colectivo.

Un guardacostas venezolano realizó una inspección a la isla de Patos en 1901. Apresó  tanto a venezolanos como a ingleses. Como la inquina se había cebado contra un incómodo Cipriano Castro,  Inglaterra se negaba a discutir sobre la posesión de la isla.

El cónsul de Venezuela en Trinidad informaba en 1902 sobre la orden del gobierno inglés de colocar una bandera en la isla, motivo de protestas, que los británicos pasaron por alto.

Venezuela envió copias de la nota de protesta a todas las Legaciones diplomáticas acreditadas en Caracas, pero  el bloqueo de diciembre de aquel año estaba en marcha.

¿ Cuál era el interés del gobierno inglés en una isla tan diminuta?

  1. Un arma de negociación para una delimitación satisfactoria en la Guayana Británica.
  2. La supresión del 30%  de impuesto adicional  con que eran recargadas las mercancías provenientes de las colonias antillanas inglesas.

Inglaterra anunció estar dispuesta a ceder  la isla de Patos en 1883, a cambio de un arreglo satisfactorio en el territorio esequibo.

Guzmán Blanco se negó a tal transacción. No  admitía el término cesión, y que tal precedente nos convertía en colonia de colonias.

Otro incidente de no menor consideración se produjo en 1867,  en la denominada roca del Soldado, lugar en que el gobierno de Venezuela estaba dispuesto establecer una base de Guardacostas.

Los ingleses atentos a la pelea aunque fuera por un cubo de agua de mar, respondieron que aquella roca estaba dentro de su  mar territorial.

La respuesta del gobierno venezolano mantuvo el espíritu de las anteriores actuaciones. Manifestó que así como la legislación venezolana permitía el acceso de buques de guerra a sus mares, no veía el porqué no obtener reciprocidad, además, tales actividades no prejuzgaban derechos sobre la roca.[4]

En 1912, un guardacostas venezolano apresó un barco inglés en ese mismo lugar. Las protestas entre ambos países, terminaron favoreciendo a los ciudadanos ingleses. Fueron indemnizados.[5]



[1] Vattel,  El Derecho de gentes.., pp.  94 – 102.

[2] Félix José de Abreu y Bertodano,   Tratado Jurídico Político sobre pressas de mar y calidades que deben concurrir para hacerse legítimamente el Corso, Madrid, Imprenta real, 1746, capítulo V, pp. 68 –71.

[3] The British Library, Manuscripts, Add. 36349. Expediente suscitado por el ministro de Holanda sobre querer..., f. 261.

[4] Archivo de la Dirección General Sectorial de Fonteras del Ministerio de Relaciones Exteriores (AGDGSLAF), 4.1.45. Borrador de trabajo del Canciller Gil Borges, posiblemente de 1936.

[5] Ídem.


1.2. La delimitación del golfo de Paria

Las conversaciones se mantuvieron congeladas entre 1912 y 1933.

En el escenario prebélico de la Europa de los años treinta, las necesidades de suministro de petróleo se incrementaron, de manera especial en Inglaterra, que comenzó a otorgar concesiones en el oriente venezolano. Las exploraciones en el golfo de Paria, arrojaron resultados prometedores.

En consecuencia, el gobierno de Venezuela hizo algunas propuestas informales en 1933,  para la delimitación en el golfo de Paria.

El trabajo fue encomendado a la Oficina de Cartografía del Ministerio de Relaciones Exteriores. El 3 de octubre de 1933, rindió su primer informe, referido exclusivamente a las aguas territoriales:

TABLA I

LATITUD

LONGITUD

OBSERVACIONES

10° 43’

61 °48’

Línea recta a un punto que dista 8 km. Al oeste del islote del soldado

10° 4’ 40’’

62° 05’ 20’’

De allí a un punto intermedio entre Punta Icacos y la costa de Venezuela en marea baja

10° 01’

61° 57’

 

   [1]

 

La Legación Británica en Venezuela envió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela el 25 de agosto de 1936, un memorando, que fue el instrumento diplomático de inicio del proceso de negociación, para la delimitación del subsuelo del golfo de Paria.


Fig. II. Isla de Patos

ISLA DE PATOS FOTO


El estilo de la redacción del documento refleja una intención definida: la delimitación del subsuelo o lecho submarino en alta mar. Para los efectos, ambos países debieron elaborar sus respectivas legislaciones y medidas físicas (faros, boyas, etc.).

El gobierno británico quiso dar al acuerdo un carácter local, vale decir,  la delimitación entre una colonia y un  país soberano. Se abstuvo de definir derechos en las aguas superficiales.

Las coordenadas propuestas en este arreglo  fueron las siguientes:

 

Tabla II

LATITUD

LONGITUD

Punto A. 10° 36’ 15’’

61° 54 ‘ 50’’

Punto B: 10° 02’  30’’

62° 05’

Línea a lo largo del paralelo 9° 57’ 30’’ en dirección oeste

61° 31’

Punto X a Punto Y donde la última intercepta los límites de las aguas territoriales de Venezuela aproximadamente en la longitud 61° 56’ 45’’.

 

                   [2]

 

A pesar de que existía una corriente revisionista de las dependencias coloniales, la socarronería inglesa siguió incólume. El ministro británico en Caracas envió una nota el 31 de diciembre de 1936. Era una imposición. Se reservaban expresamente los derechos sobre la isla de Patos, porque Su Majestad no deseaba tratar el asunto  de la tierras de la superficie.[3]

Es evidente la intencionalidad de darle la máxima presión posible al proceso, para obtener en tiempo preciso, un tratado que dejara las manos libres para la explotación petrolera.

Dadas las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra no tuvo más opciones que ceder. Las probabilidades de perder el conflicto eran reales. Necesitaba petróleo para el esfuerzo de guerra contra Alemania, y veleidades del destino, Venezuela, un país al que invariablemente había destrozado en su alma terrígena, era el seguro proveedor de lo que con tanta urgencia necesitaba.

Sometida a consideración del Consejo de Ministros la nota británica, fue aprobada el 19 de febrero de 1937. Venezuela manifestó el deseo de negociar, pero con la reserva expresa de los derechos venezolanos en isla de Patos.[4]

Por otra parte, las circunstancias de la guerra aumentaron las susceptibilidades. Alemania mantenía  excelentes relaciones con Venezuela. El crucero alemán Emdem visitó a Trinidad  en 1933, luego, en mar abierto, realizó prácticas de tiro.

El crucero alemán Schelesien  hizo igual práctica fuera del mar territorial de Trinidad en diciembre de 1938. El canciller venezolano protestó la acción del crucero. El jefe de la Legación alemana en Venezuela contestó:

A Alemania le es desconocido que Venezuela  reclama la parte septentrional del golfo de Paria como aguas de su dominio, y tampoco le consta a Alemania que tal reclamación hubiera sido presentada o reconocida con virtud internacional.

 

Alemania no protestó esta nueva situación, pero nada indicaba que Venezuela hubiera cambiado el estatus del golfo de Paria.[5]

El gobierno norteamericano estaba al tanto de estos incidentes, así como del plan de delimitación. El Presidente Roosevelt, por boca de su subsecretario de Estado, consideraba el golfo de Paria de inmenso valor estratégico, y le preocupaba sobre manera de que Inglaterra, pudiera unilateralmente cerrar la navegación por ese espacio.[6]

En un radiograma cifrado, remitido por el ministro plenipotenciario de Venezuela en Estados Unidos, se hacía ver este hecho, y la sugerencia del subsecretario Summer Welles, de que el futuro tratado, hiciera referencia explícita a que la delimitación no afectaría los derechos de navegación de terceros países.[7]

Como sabemos, este tipo de delimitación era la primera en su género, y los procesos, prácticas de los Estados y otras referencias eran casi inexistentes, sólo Portugal había hablado de este asunto en 1930.  Así que, se interpretaba, que la delimitación del lecho submarino, abarcaba la superficie en esa misma proporción con las respectivas restricciones.

El gobierno británico flexibilizó su posición en sendas comunicaciones del 21 de diciembre de 1938 y del 9 de febrero de 1939. Ofreció reconocer la isla de Patos como venezolana, con la condición de que no fuera cedida a terceros ni pudiera ser fortificada.

Paralelamente, el gobierno venezolano organizó comisiones técnicas multidisciplinarias, para que, desde diferentes perspectivas, llegaran a la solución más adecuada. Estas comisiones destacaron por su preparación, lo que permitió enfrentar con la debida preparación, las reuniones  celebradas con los británicos a mediados de 1939.

Formaron parte de la comisión técnica para la delimitación del subsuelo del golfo de Paria, el inspector general de Marina, capitán de fragata Antonio Picardi; José María Font y Eduardo Calcaño, del Ministerio de Relaciones Exteriores; Rafael Díaz Fermín, del Ministerio de Hacienda; Rafael Pizani, del Ministerio de Fomento; y el Dr. Pedro Agerrevere, del Ministerio de Obras Publicas.[8]

Sobre la propuesta británica, los expertos venezolanos observaron lo siguiente:

  1. La prevención de Venezuela sobre cuánto petróleo de los yacimientos ubicados en el sector izquierdo de la línea de demarcación, pudieran drenarse hacia los pozos británicos. La Inspectoría Técnica de Hidrocarburos, señalaba que no existía una regla confiable para determinar este problema. Citó algunos ejemplos, como el pozo Ranger de Texas, que drenaba una superficie de diecisiete hectáreas porque la calidad de la superficie impregnada de petróleo, era calcárea, y de gran porosidad. En el caso de otros pozos, donde la superficie de impregnación era arenosa, el área de drenaje alcanzaba las cuatro hectáreas.[9]
  2. En el golfo de Paria, se encontraba el campo de Pedernales, de arena muy fina, y al que le calculaban un radio de drenaje de unos ciento veinticinco metros, por lo que su influencia era muy escasa, tal vez ocho hectáreas. Los pozos Amacuro I y Amacuro II, tenían muy poca influencia en el asunto. Quedaba despejado uno de los problemas más importantes para Venezuela.[10]
  3. El Servicio Técnico de Minería y Geología de la Dirección del Gabinete, opinaba que la estructura geológica de Paria y Trinidad tenían un mismo origen, sus potencialidades petroleras eran altas, y su explotación dependería de la profundidad y dificultades técnicas.[11]
  4. El otro problema de envergadura, era la propiedad del farallón El Soldado e isla de Patos. La Oficina de Fronteras del Ministerio, emitió un memorando de fecha 22 de septiembre de 1936, que fue considerada en las reuniones de 1939. Señaló que en cualquiera de las dos proposiciones de líneas divisorias propuestas por los ingleses, o bien el farallón, o bien las islas, pasarían a sus manos, algo desde el punto de vista jurídico, totalmente injustificado. Se propuso correr la línea más al este.[12]
  5. La Oficina de Fronteras expresaba, al igual que el Ministerio de Fomento, el temor de que Inglaterra hiciera apropiaciones unilaterales, por lo que sugirió negociar, y hacer convenios conjuntos de explotación en alta mar.[13] 

Las Comisiones Venezolana – Británica se reunieron en Trinidad en abril de 1939. Trataron tres aspectos fundamentales: geológicos, petroleros y generales. De estas reuniones, el jefe de la delegación venezolana expresó la seguridad de que Inglaterra iniciaría de manera unilateral las perforaciones, por el temor de que otras potencias se adelantaran, en consecuencia, aconsejaba amarrar este asunto lo más pronto posible.[14]

Finalmente, la comisión técnica venezolana aprobó el memorando de Cancillería sobre la propuesta venezolana de delimitación se circunscribiera al suelo y subsuelo, y no a la situación jurídica de la superficie.

Quedaba  por determinar si el espacio comprendido entre las riberas del golfo era mar libre o cerrado, el respeto a la libre navegación, y que la isla de Patos fuera reconocida como venezolana, finalmente, que la línea de división pasara por la mitad del farallón del Soldado y terminara en el límite de las aguas territoriales venezolanas.[15]

El memorando, modificaba la propuesta británica del 31 de diciembre de 1938, y del 9 de febrero de 1939, donde la línea pasaba a una legua al sur de isla de Patos, desde su misma medianía.

Un año después, la Cancillería venezolana elaboró una solución  alternativa. Lo que entendió el canciller venezolano era que la propuesta de Inglaterra del 9 de febrero de 1939, no se haría mediante un Tratado, sino por medio de instrumentos diplomáticos menos formales, como una Orden del Consejo  de Su Majestad, informando a la comunidad internacional, que tal medida, no prejuzga, derechos de navegación de terceros sobre la superficie, un acto unilateral, con nula participación venezolana.

El gobierno inglés reiteró su disposición a  cederla  en su oportunidad,  mejorada las condiciones de la guerra, siempre y cuando concurrieran las siguientes circunstancias:

  1. Que Venezuela reconociera la soberanía británica sobre el farallón el Soldado.
  2. Que se comprometiera a no disponer  de la isla de Patos a favor de terceros, ni fortificarla.
  3. Un arreglo para uso común de la pesca alrededor de la isla por trinitarios y venezolanos.
  4. Eliminación del impuesto adicional sobre las mercancías provenientes de la Antillas inglesas.[16]

El Canciller Gil Borges respondió punto por punto, de la siguiente forma:

  1. Los términos del acuerdo no debían extenderse a los espacios terrestres ubicados en la superficie, tal como estaba determinado por los memorandos del 25 y 31 de agosto de 1936, enviados por la Legación Británica, salvo la isla de Patos, por su cercanía a las costas de Venezuela (2,33 millas).
  2. La Constitución Nacional prohíbe la enajenación, cesión o arrendamiento de cualquier parte del Territorio Nacional.
  3. El gobierno venezolano no tenía el propósito de fortificar la isla, más no cree prudente renunciar a tomar medidas de seguridad en caso de agresión, cumpliendo con la cortesía de informar a las autoridades trinitarias.
  4. Creyó poco práctico permitir la pesca común en las aguas adyacentes a la isla, por estar dentro de las aguas territoriales de Venezuela. Tal arreglo no sería conforme a justicia y sería una fuente de eternos problemas entre los pescadores de ambas nacionalidades.
  5. Era oportuno reservar el asunto del 30% adicional de impuestos para un acuerdo comercial, por no ser vinculante.[17]



[1] AGDGSLAF, 9.1.24. Oficina de Cartografía del Ministerio de Relaciones Exteriores, 3 de octubre de 1933.

[2]AGDGSLAF, 9.1.24.  De la Legación Británica en Caracas, al Ministerio de Relaciones Exteriores, “Aidé Memoire”, 25 de agosto de 1936.

[3] AGDGSLAF, 9.1.24.  De la Legación Británica en Caracas, al Ministerio de Relaciones Exteriores, 31 de diciembre de 1936.

[4] AGDGSLAF, 9.1.24. Proyecto de nota aprobado en Consejo de Ministros, del 19 de febrero de 1937.

[5] AGDGSLAF, 9.1.24.  De la Legación alemana  en Caracas, al Ministerio de Relaciones Exteriores, 31 de diciembre de 1938.

[6] AGDGSLAF, 9.1.24.  El Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Estados Unidos al Canciller de Venezuela, radiograma cifrado, 23 de enero de 1939.

[7] AGDGSLAF, 9.1.24.  El Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Estados Unidos al Canciller de Venezuela, radiograma cifrado, 5  de enero de 1939.

[8] AGDGSLAF, 9.1.24.  Acta del 9 de febrero de 1939, en la Casa Amarilla.

[9] AGDGSLAF, 9.1.24.  El Inspector Técnico General de Hidrocarburos, Dr. Luis Herrera F. , al Canciller, 2 de febrero de 1939.

[10] Idem.

[11] AGDGSLAF, 9.1.24.  El Servicio Técnico de Minería y Geología de las Dirección del  Gabinete, 31 de diciembre de 1938.

[12] AGDGSLAF, 9.1.24. La Oficina de Fronteras del Ministerio de Relaciones Exteriores, 22 de septiembre de 1939.

[13] Ídem.

[14] AGDGSLAF, 9.1.24. El Ministro de Fomento al Canciller, 16 de mayo de 1939.

[15] AGDGSLAF, 9.1.24. Memorando de propuesta de delimitación, elaborado por la Chancillería de Venezuela, 9 de febrero de 1939.

[16] AGDGSLAF, 9.1.24. El Ministro de la Legación Británica en Venezuela al Canciller de Venezuela, 22 de enero de 1940.

[17]AGDGSLAF, 9.1.24. El  Canciller de Venezuela al Ministro de la Legación Británica en Venezuela, 2 de febrero de 1940.


1.3. El Tratado

Isla de Patos fue un tema importante en la agenda de cancilleres de la talla de Caracciolo Parra Pérez y Pedro Itriago Chacín; pero le correspondió al Dr. Estaban Gil Borges concretarlo.

El presidente Eleazar López Contreras anunció al Congreso el 19 de abril de 1941, que Inglaterra y Venezuela habían llegado un acuerdo sobre la delimitación del golfo de Paria, y que isla de Patos era reconocida como territorio venezolano.

El Tratado se firmó en Caracas, el 16 de febrero de 1942, siendo ratificado por el Congreso el 15 de junio de ese año.  La isla fue entregada el 20 de septiembre, recibida por el canciller Caracciolo Parra Pérez y el por el ministro de guerra y marina, Juan de Dios Célis Paredes[1].

En su artículo 3° el tratado especifica, las coordenadas definitivas de delimitación:

Las líneas A-B, B-Y y Y-X, mencionadas en el presente artículo, está trazadas en el mapa anexo y se definen como sigue: La línea A-B parte del punto A que es la intersección del meridiano central de la isla de Patos con el límite de las aguas territoriales de dichas isla al sur de ella, y cuyas coordenadas aproximadas son 10° 34’ 54.736’’ de latitud norte; 61° 51´54.656’’ de longitud oeste. De allí la línea va rectamente al punto B que está situado en el límite de las aguas territoriales de Venezuela, en el punto de su intersección con el meridiano de 62° 05´08’’ oeste y cuya latitud aproximada  es de los 10° 02’ 24’’.”

La línea B-Y parte del punto B ya establecido y sigue por el límite de las aguas territoriales de Venezuela hasta el punto Y donde dicho límite corta el paralelo 9°57’ 30’’ de latitud norte y cuya longitud aproximada es de 61° 56’ 56’’ oeste.

La línea Y-X parte del punto Y ya establecido y sigue por el referido paralelo de 9° 57’ 30’’ norte hasta el punto X situado en el meridiano de 61° 30’ 00’’ oeste[2].

Los problemas no terminaron, en razón de las dificultades planteadas por las comisiones demarcadoras,  y la interpretación que Gran Bretaña daba a la Ley Venezolana de Mar Territorial y aguas Marina y Submarinas de 1956, pero, es innegable que el proceso de delimitación del golfo de Paria es un ejemplo de continuidad, coherencia y preparación, con resultados satisfactorios para nuestro país, en un asunto tan delicado y doloroso como ha sido las negociaciones de límites.

Si prestamos atención a la manera cómo Inglaterra negoció la posesión de la isla de Patos, utilizando como una de la armas de negociación, la Guayana Esequiba, y lo comparamos con la actualidad, encontramos el espíritu del mismo esquema de negociación para la obtención de petróleo y otros recursos, considerados indispensables en una actividad industrial depredadora.

Nuevos actores suponen una diversidad de esquemas, pero no es así, y esto se demuestra en el hecho de la presión que se ejerce por la salida al Atlántico, cuando el verdadero objetivo es el espacio terrestre arrancado a Venezuela en 1899.



[1]AGDGSLAF, 1.20.3. Tratado con Gran Bretaña sobre las Áreas Submarinas del golfo de Paria, del 26 de febrero de 1942. Firman, por Venezuela, Caracciolo Parra Pérez, por Gran Bretaña, D. St. Clair Gainer.

[2] Ídem.