LA CODICIA Y EL DESPOJO DE LA GUAYANA ESEQUIBA: lógica de primer orden en el contexto del imperialismo parasitario

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Date: Tuesday, 6 December 2022, 9:52 AM

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LA CODICIA Y EL DESPOJO DE LA GUAYANA ESEQUIBA

Lógica de primer orden en el contexto del imperialismo parasitario

 

Por: Jairo Bracho Palma


1. Abstracto

Es demostrable que condiciones constantes, ocasionen multiplicidad de posibles predicados judicativos, dando forma molecular a conceptos, con cualidades unívocas. Las verdades con cualidades de valor real resultan difíciles de refutar.

Estos principios de la lógica de primer orden tienen aplicaciones específicas en la geopolítica colonial del siglo XIX, y su íntima relación con la fenomenología de las emociones, por lo que son susceptibles de objeto de conocimiento.

Emociones propias o inducidas, con esencialidades unívocas de reiteración y fines teleológicos, tuvieron enormes consecuencias sobre la Venezuela profunda, una nación cuya teogonía proviene de la Guayana sin costuras ni remiendos.

Algunas de las constantes emocionales consideradas, fueron las siguientes:

1.    La codicia.

2.    La íntima relación entre las expectativas personales y las creencias colectivas.

3.    La propaganda sobredimensionada intencionalmente.

Los conceptos de máxima predicación que utilizaremos están relacionados con las consecuencias de la multiplicidad de juicios, creados a partir de la codicia y la manipulación.

Para hacer menos complicado el tema: el descubrimiento de placeres auríferos en la Guayana del siglo XIX, produjo unas sobredimensionadas expectativas, una codicia sin frenos morales, y unas consecuencias que aún enfrentamos.

El producto de esta intencionalidad con fines especulativos incidió en las cadenas causales de eventos políticos y militares en un muy amplio porcentaje, pues por un detalle nada casual, buena parte de los inversores, promotores y empresarios mineros, fueron invariablemente, importantes miembros del gobierno británico, y porque no decirlo, de su homónimo venezolano. Un grave conflicto de intereses, una muestra evidente de opacidad ética, y de postergación de la teleología del Estado en propio beneficio.

En pocas palabras, las pérdidas territoriales en la Guayana Esequiba estuvieron atadas a los fines privados de hombres públicos, tanto del gobierno británico como del venezolano.

En el caso de Gran Bretaña, entendemos por hombres públicos: nobles, parlamentarios, militares de alto rango. En la contraparte venezolana: presidentes, militares, gobernadores y familiares con privilegios comerciales.

Emociones como la codicia, tienen como esencialidad en los documentos analizados, la reiteración en el insatisfecho afán de poseer, medible como número natural en los documentos históricos, lo que le otorga valor de verdad.

Uno de los aspectos más llamativos del laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, es que nuestro país exhibió unos títulos irrefutables, y unos muy sólidos argumentos que le habrían dado la razón, lo que dice de lo que somos capaces. Todo ello queda opacado cuando entendemos cuál fue el fondo de la cuestión.

Por otra parte, sabemos que los argumentos británicos en el proceso arbitral se fundamentaron en la prescripción adversa y las iniciativas privadas en territorios sujetos a disputa, como títulos valederos de posesión y dominación política, algo que podría haber perdido su eficacia, si nuestros gobernantes no se hubieran conducido, como bodegueros de poca monta.

2. Imperialismo parasitario

La revolución industrial hizo de Gran Bretaña, la nación más poderosa del siglo XIX. Un proceso en esencia privado, auspiciado de manera precisa por el Estado. La superioridad naval y las victorias obtenidas en la guerra desatada a escala global hicieron de una isla de modestos recursos, un vasto imperio. Pero esto tiene un lado nada épico.

El enorme daño ocasionado por Gran Bretaña en la Guayana Esequiba pierde los epítomes gloriosos de historias oficiales, primorosamente empastadas en voluminosos relatos, biografías y descripciones.

Obras solícitamente redactadas, que se sirven de abundantes citas, símbolo de autoridad académica. Un meticuloso acopio de fuentes, organizadas con celo, cotejadas, cribadas en cortas y precisas cuartillas.

La rigurosidad académica inglesa no representa el final de la historia, sólo la explica con ventaja y de manera parcial.

Autores como P. J. Cain y A.G. Hopkins han desarrollados extensos, y eruditos trabajos sobre el imperio británico, uno en especial nos pone en el contexto del fenómeno: Gentlemany Capitalism and Bristish Expansión Overseas.

Estos autores explican el imperialismo británico como una alianza entre la city, los inversores sureños, poseedores de tierras, que ejercieron una persistente influencia en la política de expansión en ultramar.  Sus conclusiones son deterministas en tanto cultura y geografía.

Muchos autores no comparten tanto entusiasmo, como Lance Davis y Robert Huttenback (Mammon and Empire), quienes aseguran que los gentlemanly capitalism, vale decir, las élites financieras de Londres invirtieron en gran proporción y con enorme rédito en las posesiones coloniales, pero compartieron muy pocos gastos en la aventura imperial desarrollada por su gobierno.

Radical critics at that time saw the empire as an expensive and unproductive luxury created by and benefiting only a few. [1]

Las generalizaciones en uno u otro sentido no explican adecuadamente, el fenómeno focalizado al este de la región minera del Yuruari, durante la fiebre del oro del siglo XIX.

La evidencia documental y un enfoque metodológico distinto, nos indica que la colonia británica de Guyana no es otra cosa que el producto de una hiperestrategia económica, de efectividad a largo plazo. Supuestos geoeconómicos impulsaron una política de fronteras en constante y arbitraria expansión.

El Estado sucesor, Guyana, nace sobre los mismos principios. Nada ha cambiado más que la manumisión de una espacialidad de hombres sin historia propia.

Guyana no es un Estado. Es un conveniente accidente. Un anaquel de recursos y posibilidades con apariencia de legalidad, ofrecido al mejor postor, tal como sucedió en Venezuela hace más de una centuria.

A nuestro entender, las consecuencias de un fenómeno de alcance global, cómo fue la expansión colonial británica, debe ser considerado como un movimiento del imperialismo parasitario.

El imperialismo parasitario es una forma de dominación sobre espacios territoriales espléndidos en recursos, y sobre poblaciones inducidas al consumo masivo de bienes.

Tiene como característica distintiva, la extracción incontrolada de riquezas, al ritmo del mantra que dicta la codicia individual, y de los vaivenes del capital especulativo.

Su naturaleza es depredadora, cuyas consecuencias para el huésped, sano en principio, es la pobreza, el atraso, el deterioro ambiental, y la extinción.

La transferencia de procesos logísticos y financieros unificados, como saber contingente, sin valor real de conocimiento, y una nula contrapartida tecnológica, constituye otra de sus características existenciales.

En la actualidad, las formas parasitarias han mutado a una legalidad en las que se respetan pequeñas normas, para transgredir los principios fundamentales del hombre y del Estado.

[1] Andrew Porter: ‘‘Gentlemanly capitalism’’ and empire: The British experience since 1750, The Journal of Imperial and Commonwealth History, 18:3, 265-295.



3. El utilitarismo y la doble moral

Parlamentarios y accionistas

Jeremy Bentham y John Stuart Mill construyeron una filosofía a finales del siglo XVIII, cuyo principio es en esencia, que la mejor acción para el mayor bienestar del mayor número de individuos es posible por la maximización de la utilidad.

Según estos autores, la utilidad está asociada al bienestar que, desde la filosofía moral, se denomina felicidad. En pocas palabras, las consecuencias de una acción, constituye un criterio a ser considerado, para definir si es moralmente correcto.

Esta corriente filosófica, guía tradicional de la política inglesa, entra en conflicto cuando el interés colectivo se mimetiza con el de un reducido grupo asociado al poder, y cuando los fundamentos morales sobre una buena o mala acción están invariablemente unido a los fines.

Es extensa la lista de miembros del gobierno británico, y demás figuras públicas involucradas en las compañías mineras formadas en Venezuela, luego de 1850. Nos proporciona una serie de reiteraciones íntimamente imbricadas a la emocionalidad, y lo que ello implica: codicia y manipulación. Una numeración exhaustiva de accionistas e intereses excedería los límites de este trabajo. Tomemos una muestra.

 

Tabla I

Compañías y Accionistas de compañías mineras con operaciones en Venezuela

Año de creación

Compañía

Accionista

Condición

1887

New Chile Gold Mining Company

Hugh Watt

Parlamentario activo

1889

British Guiana Land Expploration Syndicate

Hugh Watt

Parlamentario activo

1880

Callao Bis

Conde de Perth y Melford

Noble

Horatia Nelson

Noble

W. F. Nuthal

General que sirvió en la India

Henry Maiwering Dunstan

Noble, descendiente de una antigua casa normanda

R.F. Gladstone

Familiar del varias veces primer ministro (1868-1874,1880-1885, 1892-1894)

Alexander Ward

Noble

 

La mayoría de los mencionados fueron inversores que no tenían la más mínima idea sobre exploraciones mineras, y sobre los cuales debemos hacer mayores investigaciones. Con tan escasa muestra, no podemos establecer una relación directa total entre éstos y los sucesos en el Esequibo, salvo en casos emblemáticos, que no fueron pocos, en el que las relaciones comerciales fueron utilizadas para permear los fines de Estado. Refirámonos al relacionado con el parlamentario Hugh Watt.

El escocés Hugh Watt (1848 – 1921) representa en nuestro trágico escenario de expolio y usurpación, el prototipo del oportunista avaro y gorrón, con una evidente desconexión moral con las consecuencias de sus actos. Una fea combinación entre intereses privados y la actuación política, jalonada por las posibilidades de un pródigo rédito económico. 

Manejó con habilidad esa incómoda doble moral anglosajona, que tolera soterradas licencias, a sus servidores públicos. Una permisividad que en cambio, ha sido considerada como gravísimo defecto entre la clase política de las regiones semi - bárbaras, como gustaban en calificar a  Venezuela, tal vez porque no guardaban las formas estéticas y las alianzas oportunas.

El tema de parlamentarios británicos, involucrados en extensas propiedades coloniales no es nuevo, parte de las causas de la Guerra de la Oreja (1739-1748) está unida a los intereses de este grupo en Jamaica, y cuya cantidad invertida, ha sido debidamente cuantificada.

Hijo del Sheriff de Ayshire, Watt estudió en la Academia Kilmarnock y en la Universidad de Ginebra. Luego de algunos intentos como escritor de temas científicos y director de una empresa eléctrica, se dedicó al comercio en varias ciudades, como Londres, Liverpool y Glasgow.

Incursionó con éxito como político liberal, resultando electo al parlamento británico. Ejerció la tribuna entre 1885 y 1892. Su vida personal fue poco edificante. Maltratador y adúltero, su esposa obtuvo el divorcio por tales razones. Fue condenado a cinco años de prisión por el intento de homicidio de su primera esposa en 1905, sólo cumplió un año de condena.

Los informes de geólogos, exploradores y empresarios mineros que estudiaron las regiones guayanesas, exacerbaron la imaginación de este singular parlamentario, así como de los medios para convertirse en un próspero emprendedor, no uno cualquiera. La indefinición de límites con Venezuela y la actitud dubitativa del gobierno inglés, servirían a unos fines personales, disfrazados de motivaciones nada patrióticas.

No por casualidad, como comprobaremos más adelante, Watt se había convertido en el principal abanderado de una violenta ocupación del territorio esequibo.

La codicia de los buscadores de oro ha encontrado la máxima expresión en el presidente de la New Chile Gold Mining Company, Mr. Hugh Watt. [1]

El futuro pintaba promisorio para tan insaciable devorador de mundos. Con tales antecedentes, los accionistas de la compañía New Chile Gold Mining, lo nombraron su presidente. No sería la única.

El caso de Watt no es aislado. Varios funcionarios extranjeros tuvieron intereses comerciales en Guayana, atados a un proyecto político de su país de origen.

Ciudad Bolívar fue un centro financiero y diplomático muy particular en el siglo XIX, cuando aún mantenía viva la fama de capital primogénita, y de testigo de una de las más grandes hazañas de la Guerra de Independencia. En ella abundaban tantos consulados extranjeros como en la capital del país.

Algunos de los cónsules estuvieron de una u otra forma, vinculados al negocio minero. Por ejemplo, Joshep Austin, cónsul de Estados Unidos acreditado en Ciudad Bolívar, quien obtuvo en 1866, una de las más grandes concesiones jamás otorgadas, y que sirvió de modelo para las siguientes. Por los acuerdos del 5 de noviembre de 1866 y 12 de mayo de 1867, la concesión Austin podía formar hasta 10 compañías mineras, con 40 minas por cada compañía, y una extensión de 10.0000 m2 por unidad de explotación.

Keneth Mathinson Makensie, procedía de Escocia. Había sido oficial británico. Participó en la primera expedición del Generalísimo Francisco de Miranda en 1806. Posteriormente, hizo vida en la colonia inglesa de Trinidad, donde prestó servicios hasta 1840, año en que se trasladó a Angostura. Allí se casó dos veces. Se desempeñó como cónsul inglés en la mencionada ciudad, hasta su muerte en 1886.

Mathinson escribiría al Ministerio de Relaciones Exteriores, el 26 de abril de 1867, la urgente necesidad de encontrar una solución al conflicto fronterizo por los recientes descubrimientos entre los ríos Orinoco, Cuyuní y Caroní.

Años más tarde, serviría como fuente autorizada, para recomendar las acciones de la compañía Callao Bis como una inversión rentable (1881).

Podemos seguir exhibiendo ejemplos, pero sólo pretendemos ilustrar el tema de funcionarios extranjeros y sus actividades comerciales.

 

Las compañías free-standing

Gran Bretaña se regía por el patrón oro desde 1821. El resto de los países siguieron el ejemplo, y abandonaron el referente bimetálico. Pero como las cosas en Venezuela, se desarrollan por alguna razón, con una lógica contra la corriente, el gobierno hizo lo propio con unos cuantos años de retraso, en 1901.

Las entidades comerciales free-standing se diferencian de las transnacionales, por su fuente de financiamiento, que es el mercado de valores doméstico, e inician operaciones exclusivamente en el territorio objeto de su interés, manteniendo unas pequeñas oficinas en el país de origen.

La inmensa mayoría de las compañías formadas para explotar el oro de las minas del Yuruari, fueron de ese tipo.

Las free - standing ofrecían ventajas a los inversionistas. En primer lugar, las leyes que la regían era las inglesas, protegiéndolos de cualquier medida legal tomada en Venezuela. En segundo lugar, la denominación accionaria era emitida en libras esterlinas, de fácil permuta, intercambio e incremento de capital, en el mercado bursátil londinense.

Veintinueve compañías Free – Standing realizaron operaciones en las minas de oro venezolanas entre 1879 y 1894, con una inversión total que, según las fuentes venezolanas, no fueron superiores a los 4 millones de pesos. Otros autores hablan de 13.1 millones de libras para el mismo período. Esto debe ser objeto de mayores investigaciones, porque a juzgar por los montos de participación accionaria presentados por las compañías, nos indica una cifra más cercana a la primera.

El capital invertido para la conformación accionaria de las compañías mineras en la Guayana del siglo XIX, era en su mayoría, de origen extranjero. Veamos el siguiente cuadro:

 

Cuadro I

Compañías y origen (1891)

Compañía

Origen

Concesión (Hectáreas)

El Callao

Venezolana

2.353,20

New Potosí

Inglesa

2.125,65

Venezuela – Panamá

Inglesa

1.279,49

Callao Bis

Inglesa

279,47

Bolívar - Hill

Francesa

279,47

La Concordia

Venezolana

441,92

El Choco

Inglesa

160

Tigre

Inglesa

617,74

La Unión

Venezolana

574,76

Santa Rosa

Venezolana

518

San Salvador

Venezolana

279

Nueva Hansa

Venezolana

215

La Eureka

Francesa

168,39

Chile

Inglesa

573,79

Austin

Inglesa

341,41

Independiente

Inglesa

 

San Luis

Venezolana

92

Victoria

Inglesa

600

Alianza de Cicapra

Venezolana

1.029

 

El 47% de las compañías era de capital inglés, 11% francesa.

El 42% de las compañías mineras eran en teoría de origen venezolano, pero con mayoría accionaria extranjera. Si nos detenemos en cada una, y estudiamos su historia accionaria, comprobaremos lo afirmado.

Un caso particular es la más grande de ellas, la compañía El Callao. Sus principales accionistas representaban a las firmas Baring Brothers (inglesa); Rotschild Freres (francesas) y Sprink (alemán).

Se repartieron en concesiones, unas 11.922 hectáreas, de los cuales, el 52,9% correspondieron a las compañías inglesas.

Los venezolanos, que habían obtenido concesiones, en su mayoría vinculados al gobierno de turno, en general viajaban a Londres, donde ofertaban en la bolsa de valores, las acciones de las compañías recién creadas.

Muchas fueron las compañías que fracasaron antes de 1891, aún sin haber iniciado operaciones

En 1881, sólo las compañías El Callao, Mucupía y Nueva York y Potosí obtuvieron resultados extraordinarios. Las causas de los pocos rendimientos del resto fueron variadas. Básicamente están referidas a expectativas infladas por la propaganda, la especulación financiera, la falta de capital suficiente para las inversiones iniciales, los retornos de beneficios a mediano y largo plazo. En pocos casos se debieron a la pobreza de las minas.

 

Los intermediarios

Generalmente los negociadores de terrenos, concesiones y ofertas públicas iniciales eran empresas privadas de inversiones no registradas en la bolsa de valores. Private investors Association Ltd, y Mines Investment Asociation Ltd, figuraban como unas de las más destacadas en aquellos días.

 

La contraparte venezolana

Estaba asociada a los capitales e inversores ingleses en el negocio minero. Formada por agraciados con concesiones, y propietarios de tierras sujetas a explotación. Encontraremos a figuras cercanas al presidente Guzmán Blanco, como José María Rojas.

José Rojas Espaillat (1828 - 1907) fue un hombre público venezolano con méritos académicos de nombradía, y varias actuaciones diplomáticas a favor de los derechos de Venezuela en el Esequibo.

Compañero de estudios de Antonio Guzmán Blanco, con quien cultivó una larga amistad de suerte diversa. La hermana de Rojas se había casado con Henry Boulton, el presidente de la firma de su nombre, que tenía el monopolio en la importación de harina desde los Estados Unidos, e intereses en líneas de transporte marítimo, ferrocarrilero, la banca privada, entre otras, además de sucursales en la mayor parte de los estados. Dueño de extensas haciendas, como la de San Bernardino, que luego traspasó a su yerno Vollmer.

Boulton poseía el 30% de las acciones de la General Credit & Finance Company de Londres, la que concedió el famoso préstamo de 1.500.000 libras esterlinas, gestionadas por Guzmán Blanco (1862-1863). También sirvió de agente de Venezuela para otro préstamo a cargo de la Baring Brother, por 1.000.000 libras. Ésta última sería uno de los grandes accionistas de la empresa minera El Callao.

Rojas había sido el director de la empresa Almacén Rojas, de origen familiar, y de la sucursal de la Guaira de la H.L., Boulton & Co (1857-1870).

Acompañó a Guzmán Blanco en la gestión del empréstito del gobierno surgido de la Guerra Federal (1863). Resulta evidente la relación entre Boulton, Rojas, Guzmán Blanco, las mencionadas firmas londinenses, y el famoso préstamo al nuevo gobierno federal, y que tiene toda una historia.

Ministro plenipotenciario en varias capitales europeas, destacó la ejercida en Londres, como agente fiscal de Venezuela (1876-1878). Negoció la construcción del ferrocarril Caracas - La Guaira, llamado también el ferrocarril inglés.

Sirvió como promotor, vendedor, abogado, y fuente autorizada para inversores, en la transacción de la Callao Bis y la concesión Sosa - Méndez en 1880. Fue dueño de concesiones mineras, como la otorgada en 1867, sin que podamos profundizar más, en su cartera total de inversiones.

En este mercado persa de intereses comerciales y deberes estatales, sobresale Antonio Guzmán Blanco, quien no podía dejar sus manos quietas sobre el dinero que era producido por las actividades del Estado.

Guzmán Blanco tenía entre otros intereses, participación accionaria en el monopolio de la firma Boulton sobre la importación de harina, y del transporte marítimo en la región occidental del país.

También poseía desde 1884, acciones de la compañía El Callao por la nada despreciable cantidad de Bs. 164.125. A partir de 1887, obtuvo un aproximado de 26 concesiones de oro en los terrenos del Yuruari.

Si consideramos el hecho de que la compañía El Callao había ampliado su capital accionario, de los iniciales Bs. 120.000, a Bs. 1.200.000, entonces nuestro ilustre presidente poseyó cerca de un 14% del total.

Esto quiere decir, que para el momento en que la compañía repartió beneficios históricos en 1886, por Bs. 11.012.400, el equivalente a 2.363.175,96 libras esterlinas, Guzmán obtuvo 330.844,6344 libras, una cifra fabulosa. Si añadimos los obtenidos en los otros años fiscales, sumaríamos mayor indignación.

El Ilustre Americano contaba además con los beneficiarios habituales: familiares, cercanos y deudos políticos con participaciones comerciales promovidas por el Estado. El caso del general zuliano Venancio López del Pulgar, es digno de mención.

Venancio Pulgar forma parte de esta ecuación difusa entre el regionalismo cansón, los levantamientos al menor signo de ofensa, buenos propósitos, y los bolsillos propios.

Al igual que Rojas, su relación con Guzmán fue compleja. Lo cierto es que ayudó al caudillo caraqueño a consolidarse en el poder entre 1870 y 1873. Pulgar fue nombrado en distintos cargos, y beneficiado con grandes privilegios.

El que nos llama la atención, es el contrato celebrado con el ejecutivo nacional el 12 de mayo de 1881, como recompensa por la pacificación de Ciudad Bolívar, levantada por Pío Rebollo en 1881.

La singularidad de este contrato es que se le otorgó a Pulgar, el privilegio para explotar por noventa y nueve años, todas las minas de cualquier naturaleza descubiertas o por descubrir en Guayana, a excepción de las que se encontraban funcionando.

Sin recursos para tan ambiciosa empresa, junto a su hermano, se trasladó a Londres, y formó la compañía minera Guayana Limited.

La prensa de la colonia guyanesa tuvo conocimiento de tan impresionante concesión, y apuntó las baterías sobre el caudillo zuliano.

Algunos accionistas y dueños de minas habían obtenido pobres ganancias en aquellos días, de tal manera que buscaron un culpable y se aliaron al diario The Truth, que criminalizó al general Pulgar, señalándolo con unos defectos repulsivos no a los moralistas ni a éticos victorianos, sino a los muy volubles inversionistas, seguidores del llamado sentimiento del mercado.

Pulgar fue calificado de asesino, pirata, extorsionador de dueños de minas para hacerse con sus propiedades, entre otras. En estas descalificaciones, el país no se salvó del desprestigio.

Tierra que no puede ser cultivada por europeos y unas minas metalíferas que nunca producirán nada. [2]

Con semejante campaña, Pulgar no consiguió los inversores dispuestos a colocar el capital de riesgo, de manera que el 9 de septiembre de 1883, parte de la concesión fue negociada con el estadounidense Cyrenius C. Fitzgeralt. Éste formará la Manoa Company Ltd. Ese mismo año, Fitzgeralt firmaría un contrato con el gobierno nacional para establecer colonias agropecuarias y mineras en el Yuruari.

Fundamentado en lo anterior, podemos quedarnos con esta función predicativa del concepto:

 

1 Funcionarios venezolanos y el mismo jefe de Estado, obtuvieron ventajas comerciales en la región del Yuruari, que se convirtió en parte de la zona del conflicto territorial.

w1


 

W

 

2 Existe una relación entre capitalistas establecidos en Venezuela, funcionarios públicos, gobernantes, y delicadas operaciones financieras realizadas con el aval del Estado.

w2

3 La mezcolanza entre intereses particulares y estatales, redujo la capacidad del gobierno para relativizar, los efectos de las infundadas reclamaciones en la zona de conflicto.

w3

4 El prevaricato local abrió la posibilidad a la prensa sensacionalista, para socavar el prestigio del Estado y de su gobierno, debilitando la posición del país.

w4

 

Entendemos por W, que los intereses personales en la zona de conflicto obraron en detrimento de los grandes fines del Estado, de acuerdo con los judicativos w1, w2, w3, y w4 .

 

La codicia como valor de verdad

De una u otra forma, los ingleses se quedaron con la mayor parte del oro venezolano.

Entre 1875 y 1880, las minas venezolanas produjeron un total de Bs. 123.450.000. Otras fuentes aseguran que entre 1866 y 1890, las minas produjeron Bs. 209. 224. 598,38 sobre la base un total de 70 toneladas de oro exportadas, sin contar con el contrabando, de no menor consideración.

Si establecemos una equivalencia entre bolívares y libras esterlinas sobre la base del patrón oro, encontraremos que el cambio oficial de la libra con respecto al oro en 1890, fue de 20,67 libras esterlinas por onza, fecha que tomaremos como referencia.

En el mismo orden de ideas, a pesar de que en Venezuela no regía el patrón oro, éste tenía un valor de 96,47 bolívares por onza.  De tal manera que la convertibilidad aproximada era de 4,66 bolívares por libra esterlina.

Esto significa que las minas de oro venezolanas produjeron unas 44.897.982,49 libras esterlinas entre 1866 y 1890, de los cuales más de un 90% aproximadamente fueron a parar manos de los tenedores de oro físico de Londres, París y los Estados Unidos, entre otros. En muy alto porcentaje a los primeros mencionados.

Si tomamos los Bs. 123.450.000 producidos por la exportación del oro entre 1875 y 1881, encontraremos que la ganancia en libras fue de 26.491.416,31, distribuidos de la siguiente manera:

 

Cuadro II

Ganancias por el oro en libras esterlinas (1866-1890)

Ganancias totales

Ganancias de los tenedores de oro físico

Ganancia de los accionistas

26.491.416,31

15.976.394,81

10.515.021,5

 

Pero vayamos a mayores detalles. Tomemos como referencia las minas del Callao.

 

Cuadro III

Compañía El Callao

Total de onzas (1871-1890)

1.320.929,09

Total de ganancias en libras esterlinas (1871- 1890)

27.263.968,9

Total de ganancias (1875 - 1886)

21.761.956, 4

Ganancias tenedores de oro físico (1875-1886)

11.956.849,1

Ganancia accionistas (1875 - 1886)

9.805.107,3

 

Sólo en 1886, la compañía El Callao pagó 2.363.175,96 libras esterlinas en dividendos. Como se puede notar, un enorme porcentaje de las ganancias totales producidas por la exportación oro, procedía de las minas del Callao.

Con abultadas ganancias, obtenidas de una manera relativamente fácil, con una tecnología primitiva, que sólo extrajo los filones que no requerían mayor procesamiento, dejando una buena parte por perdido, lo que implicó inversiones poco cuantiosas, es fácil determinar que la codicia, la fascinación por mitos hechos realidad, la afiebrada imaginación y el deseo de especulación, fueron la esencia motivacional, de las reclamaciones británicas y sus posteriores consecuencias.

La codicia es parte de la emocionalidad humana, medible en este caso, y con cualidades de reiteración y consecuencias, por lo que, como hemos indicado, podemos asignarle un valor real.

A partir de la codicia como verdad de valor real, podemos hacer varias propuestas conceptuales, una de ellas, es que la competencia por las minas más provechosas, entre funcionarios venezolanos, políticos ingleses e inversionistas, iba a ser proporcional a la capacidad de prevalecer sobre el contrario, e iba a ser dirimida a favor del que tuviera mayor poder de fuego para hacer valer sus pretensiones, y no del que tuviera mejores argumentos, recursos retóricos, o leyes más justas.

 

Los resultados

Se considera que parte de las inversiones realizadas en las minas venezolanas, no produjeron las ganancias esperadas, según algunos autores más severos, casi todo se perdió.

La compañía que presidía Hugo Watt fue creada en 1887, con anteriores explotaciones, como la concesión Unda. Algunas de ellas no tuvieron mayor rendimiento. Su puesta en marcha coincidió con el fin del ciclo del oro venezolano.

El caserío minero de Chile, al igual que los denominados Perú, Chocó, Panamá y otros, estaban ubicados en el distrito Nueva Providencia, en los campos auríferos de Caratal, al sur del Yuruarí.

La explotación Chile, tuvo una extensión de 573 hectáreas. Empleaba 500 mineros y 40 trituradoras. Su rendimiento fue de unos 730 Kg y 2.087 gramos entre 1870 y 1890. Cerró operaciones en 1894.

Las noticias sobre las fabulosas ganancias obtenidas por la producción minera del Callao, incitó una codicia desmedida, caos, desinformación y ofertas fraudulentas de nuevos yacimientos, condiciones ideales para especuladores habilidosos, con la capacidad de Watt.  Se estimaba en ¾ de onza de oro por tonelada, el gasto estimado de explotación, sin contar la excesiva inversión inicial en el transporte de maquinarias. 

El oro era embarcado en grandes cajas, cubierto con sacos de lonas y flotadores en caso de naufragio. Luego de un arriesgado traslado en mulas, famosas por su precisión, o de carretas tiradas por bueyes, salía del puerto de las Tablas (actual San Félix), rumbo a Trinidad, y de allí hacia las grandes capitales.

Minas como las que controlaba la compañía El Callao, podían extraer hasta 5 onzas por tonelada, una cifra que superó en ciertos momentos, los rendimientos de famosas explotaciones en Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y California.

Tales rendimientos distorsionaron el mercado de valores, y las expectativas de ganancias del resto de las compañías.

En este interín, Hugh Watt reorganizó la compañía, haciendo una oferta pública de acciones comercializadas en la bolsa de valores de Londres, que sumaron un total de 1.000.000 de libras esterlinas, una cantidad exagerada si la comparamos con el capital inicial de otras explotaciones.

Las acciones sobrevaloradas fueron el producto de la actividad especulativa, y el caso de la New Chile no fue atípico.

Minas como las pertenecientes a la compañía Potosí, fueron consideradas en su momento, sobrevaloradas por analistas serios, que también existieron, y que actuaron con responsabilidad.

La burbuja financiera del oro se había creado sobre el mito de las minas venezolanas.

La repartición de dividendos anuales entre las compañías mineras establecidas en Venezuela era el evento más esperado. Tales expectativas no se cumplieron para la compañía New Chile.

Watt se las arregló para convencer a los accionistas, en disminuir el capital en un 75%, y soportar tales pérdidas con promesas a futuro.

Con tan pobres resultados, Hugo Watt arreció contra el gobierno venezolano. Deseaba para sí y para los suyos, los filones del Territorio Federal Yuruari, creado precisamente para frenar el avance inglés, y cuyas ganancias disfrutaban en parte, nuestros gobernantes. Una contienda entre pillos.

Watt sólo podía ganar la partida, convenciendo a su gobierno, para que se embarcara en una invasión en toda regla.

De tal manera que, en adelante, veremos a un Hugh Watt ataviado como tribuno de vestiduras rasgadas, entre el Parlamento y conferencias concurridas, abogando por la anexión de las regiones del Yuruari y de poblaciones venezolanas como Upata, El Callao y Guasipati.

Los argumentos de Watts mantienen esa rara simpleza, útil aún en tiempos modernos:

1.          La protección de sus conciudadanos, e inversiones, a los que denominaba público inglés, un puñado de ricos comerciantes.

2.          El despotismo del gobierno venezolano, del que había que librar a los pobres ciudadanos ingleses, que trabajaban en sus minas.

3.          La exagerada carga impositiva venezolana, que impedía el libre comercio y hacía rico a sus innombrables jefes.

 

El legado dejado a Venezuela

Los distritos distribuidos en campamentos desordenados de techos de paja, bahareque, socavones e inmundicias. Quincallas, pulperías, licor, traficantes, delincuentes, y busconas, el legado de progreso del imperialismo parasitario, y de un gobierno subsidiario y hedonista.

Tal vez lo más grave sea lo no cuantificado. Se calcula que cada compañía minera consumió un aproximado de cien tareas de madera diaria para mover las máquinas de vapor que trituraban el cuarzo. Cada tarea son dos metros cúbicos de madera. Las consecuencias sobre nuestras selvas no merecen mayores explicaciones.

[1] Foreign Office, 80/339, “Guayana británica y Venezuela” en Juan Almécija Bermúdez, La estrategia imperial británica en la Guayana Esequiba, Caracas, Universidad Andrés Bello, s/f, p. 158.

[2] The Truth, “Carta enviada al editor del periódico por T. Morris Perot, presidente de la South American Mining Company of Philadelphia, 28 de julio de 1881, Almécija Bermúdez, La estrategia imperial británica…,pp.  138.141.



3.1. De arriba hacia abajo: (1) Minas de Caratal y Potosí. (2) Minas del Callao (1892-1893). (3) El legado de ecocidio y destrucción por causa de la codicia británica y venezolana




3.2. La prensa, el gobierno británico y el Sr. Watt: hipocrecía de intenciones

 

Una buena cantidad de periódicos y semanarios, algunos especializados en el negocio del oro y las finanzas, en Georgetown y Londres, se ocuparon del asunto: Money Market Review, Times, St. James Gazette, Mining Journal, The Truth, South American Journal, Financial News, entre otros.

Los artículos de manera invariable se referían a los mismos temas: el oro venezolano, las compañías mineras, las concesiones obtenidas, sus desventuras reales, exageradas o inventadas. Todos exigían resolver el problema de la delimitación entre Venezuela, y la colonia británica.

Las exageraciones sobre las posibilidades de las riquezas auríferas en el territorio esequibo, no se dirigieron hacia la zona en disputa, sino precisamente hacia las que venía explotando el gobierno venezolano desde 1850.

Podemos decir sin temor a equivocarnos, que constituye el antiguo Dorado, objeto de heroicas búsquedas, no sólo por parte de los conquistadores y exploradores del pasado, sino por ese brillante héroe, estadista y navegante, que fue Sir Walter Raleigh.

Un hombre, así está demostrado puede obtener con poco esfuerzo 40 libras de oro puro en un lapso no mayor de cuatro semanas. [1]

A continuación, haremos una lista de las frases más utilizadas en la prensa entre 1886 y 1894:

Tabla IV

Frases y mensajes más comunes de los periódicos de la época

1886-1894

Objeto de interés

Frases

Efecto

Especulación financiera

El Dorado

 

 

1.       Fascinación

2.       Sobredimensión de expectativas

El sueño de Walter Raleigh

Cuarzo dentro de oro

Oro en medio de las calles.

Éxito seguro

Abundante oro

Desprestigio del país

Farsante y ladronzuelo estado venezolano

 

 

1.       Sugestión.

2.       Compra a la baja.

3.       Afeamiento de la imagen del país

Una de las repúblicas de la peor reputación

Habitado principalmente por indios y mestizos

En esta república, la ley es el nombre de la extorsión organizada

Desprestigio de los gobernantes

Gobernante envidioso y de miras estrechas

 

 

1.       Criminalización del gobierno y gobernantes.

Dictador que no reconoce ninguna ley o derecho.

Ellos y sus secuaces roban hasta más no poder

El llamado Congreso

Guerra y delimitación

El asunto fronterizo entre Gran Bretaña y Venezuela nunca ha sido resuelto satisfactoriamente.

 

 

 

1.         Penalización del derecho internacional

2.         Apoyo público a las guerras coloniales

3.         Justificación del despojo territorial

Las autoridades coloniales y nuestro Ministerio de Relaciones exteriores deben revisar su geografía

 La región aurífera de Caratal se extiende sobre el territorio de cuatro naciones.

 

En la fiebre del oro desatada en Venezuela entre 1980 y 1994, vale decir 100 años después, rigió el mismo esquema de frases y mensajes que por todo objetivo tuvo, la especulación: El Dorado futuro… el dorado y Raleigh…oro visible en medio de los ríos… pistas de aterrizaje en oro…oro deslumbrante…muestras interesantes de oro, etc.

Del cuadro anterior podemos extraer una serie de constantes, que constituyen juicios predicativos de fines políticos:

1La prensa inglesa y colonial avivó la codicia por el oro de las minas de Caratal.

x1

 

X

 

2El uso de palabras asociadas a la leyenda del oro con fines especulativos.

x2

3El uso de las denominadas fuentes autorizadas, y la manipulación de datos para generar confianza.

x3

4La prensa en connivencia con inversores y hombres públicos para fines especulativos

x4

5El conflicto inducido entre Estados por el afeamiento recurrente del enemigo objetivo: instituciones, individualidades y  país en general.

x5

6La asociación entre un acto propio de los Estados (delimitación territorial), con la defensa de los intereses privados.

x6

 

 

Entendemos por X, que la campaña mediática actuó con fines de guerra por los recursos, de acuerdo con los judicativos x1, x2, x3, x4 , xy x6.

 

El gobierno británico

En la poco ética mezcla de problemas de Estado con las finanzas individuales, el gobierno británico nos da un ejemplo de arbitrariedad y descaro.

Por informes de geólogos enviados en 1866 a las riberas del Yuruari, el gobierno inglés tenía conocimiento de las posibilidades de aquellas apartadas regiones. 

Si algo se desprende de las reveladoras comunicaciones entre los funcionarios ingleses, es que estaban persuadidos de que carecían de títulos sobre aquellos territorios.

Las concesiones otorgadas por el gobierno venezolano aumentaron entre 1880 y 1887, esto aunado a los nuevos descubrimientos, y ciertos privilegios para la construcción de ferrocarriles, tuvieron un efecto tremendo en las acciones por venir.

Sin lugar a duda, lo que más motivó al gobierno británico para resolver a su favor cuanto se proponía, fueron las siguientes cifras comparativas de producción de oro:

 

Tabla V

Comparación de la producción de oro

Años

Yuruari

Guayana británica

1880-82

120.317 Oz.

_

1883-85

223.850 Oz.

406 Oz.

1886-88

127.556 Oz.

12.880 Oz.

[2]

 

Prescripción y prescripción adversa

El gobernador de la colonia de Guayana otorgó unos 1.157 permisos para la exploración y explotación de oro en los ríos Esequibo, Mazeroni, Potaro, Puruni, Cuyuní y Pomerón en 1887. 

Estas concesiones servirían muy bien para formar un expediente con el censo de los súbditos ingleses, que trabajaban en las minas del Yuruari, y dentro del territorio en disputa, como recurso legal, que permitiera actuar eventualmente con la excusa de proteger a ciudadanos británicos. Efectivamente, en las minas venezolanas trabajaban una buena cantidad de inmigrantes, procedentes de las colonias inglesas del Caribe y del Demerara, esta población no era tan numerosa como hacía ver la prensa.

El censo de la región de Yuruari en 1881 era de 9.403 personas, distribuidos entre los centros mineros del Callao y Nueva Providencia. La sección Guayana, que incluía el Delta del Orinoco, había aumentado la población de 34.053 habitantes a 50. 950 en 1881, de los cuales 3.012 eran extranjeros, 2.116 provenían de las colonias inglesas de Jamaica, Trinidad, Demerara, entre otras; unos 322 eran franceses de origen corso y antillanos. A esto se suman, los 4.000 mineros que afanosos, exploraban el territorio esequibo.

Estas iniciativas del gobernador de la Guayana inglesa, además de las reformas de la Court of Policy, para ampliar la jurisdicción al oeste del río Esequibo, se inscriben dentro de figuras del derecho privado, utilizado por el sistema jurídico anglosajón, como son la prescripción y la prescripción adversa, que a nuestra manera de entender, y saliéndonos de las definiciones académicas, es el perfeccionamiento de un título imperfecto nacido de actos abiertamente delictivos, toda vez que no cumplen los supuestos que le regulan: títulos y buena fe.


Watt vuelve por sus fueros

El caos creado por la agitación permanente, y la presión para una acción bélica en tierras venezolanas, rindió beneficios. En 1886, Watt obtuvo del gobierno colonial, una concesión de 20.000 millas cuadradas al oeste del río Amacuro, tal vez una de las más grandes entregadas hasta ese momento.

Aquellas inmensidades no colmaron las expectativas de fabulosas ganancias que, sobre el territorio en disputa, hacían ver las noticias salidas desde Georgetown y Londres. Pero, sus concesiones limitaban con los filones venezolanos en plena explotación.

 

La hipocresía de intenciones

Romper relaciones con un imperio como Gran Bretaña, denunciar con la voz rota y el rostro enrojecido por la impotencia, atropellos y despojos, ante una sociedad a la que se le hecho creer, que es víctima de una conspiración internacional, y mantener por debajo de la mesa, provechosas relaciones comerciales con el agresor, resulta imperdonable.

La ruptura de relaciones entre Venezuela y la Gran Bretaña se hizo efectiva el 20 de octubre de 1887. Los negocios mineros se mantuvieron al mismo ritmo, a pesar del discurso oficial de rechazo a los invasores, y las múltiples manifestaciones anti – británicas que el gobierno organizó a lo largo y ancho del país.

En tan complicado escenario, Watt obtuvo otra concesión del Estado venezolano en 1888, en la confluencia del Venamo con el Cuyuní, con la que formó la compañía British Guayana Land Exploration Syndicate.

O el gobierno venezolano era estúpido, o estaba formado por prevaricadores de oficio, porque la nueva concesión de Watt se ubicaba precisamente en la zona de conflicto, circunstancia que fue aprovechada para ofrecerla al gobernador de la colonia de la Guayana británica, como base para futuras operaciones militares sobre la región del Yuruari.

Las cartas enviadas por el gobernador de la Guayana inglesa al ministro de colonias, en octubre de 1889, y el ofrecimiento por escrito de Watt para tales fines, nos corrobora este aserto.

Watt sostendría varias reuniones con el primer ministro Lord Salisbury, como la del 23 de febrero de 1888, en ésta y en varias cartas dirigidas al mismo destinatario, y a otros miembros del gabinete de gobierno, insistía en ocupar la zona en cuestión. Hombres del negocio minero como Walter Torms, se hacían eco de tales propuestas, otra forma de presión sobre el gobierno.

En abril de 1887, encontramos a Watt en el Exeter Hall de Londres, dando una conferencia en la que llamaba al gobierno, a tomar medidas para no perder el dinero invertido por ciudadanos ingleses que, según sus cálculos, rondaban los 4,5 millones de libras esterlinas.

Decía temer que Gran Bretaña fuera despojada de ese hermoso y amable valle de Yuruari. Pero fue a más, asegurando que la población británica era objeto de constantes ataques por parte de los ladrones venezolanos o arrestados por funcionarios gubernamentales a fin de extorsionarlospor lo tanto apelo a vuestra ayuda para romper las cadenas que sujetan a nuestros compatriotas.

La desinformación esparcida por Watt sobre las minas de la concesión de Chile, la hacían comparable a las del Callao, Callo Bis, Potosí entre otras, motivo de que inversores tan agarrados de los bolsillos, como los franceses, cedieran, por lo que recomendaba invertir, a pesar de los pocos dividendos.

En coherencia con esas ideas, la propuesta del gobernador de la Guayana inglesa al ministro de las colonias del 7 de julio de 1888, hace que todas las piezas encajen en este sórdido sainete:

Tal como lo entiendo los límites de nuestro reclamo ni están fijados ni hay evidencia suficiente que lo sostenga. Por lo tanto, me pareció esencial emitir una proclama que pública y formalmente, estableciera que el reclamo de nuestro gobierno iba más allá de la línea Schomburgk, y así rechazar autoritariamente, la pretensión del gobierno venezolano. [3]

 

De las anteriores circunstancias. podemos determinar lo siguiente:

 

1La prensa, el sector minero y el grupo político con intereses en las minas venezolanas, y en las exploraciones hechas en la colonia inglesa de Guayana, presionaron a su gobierno para que tomara medidas políticas y militares a favor de sus intereses.

y1

 

Y

 

 

2Las acciones del gobierno británico sobre la Guayana esequiba estuvieron definitivamente influenciadas por los grupos de presión, a través de la prensa que ejercía de portavoz de la llamada opinión pública.

Y2

 

Entendemos por Y, que la prensa, el sector minero y funcionarios británicos mezclados en el negocio de Guayana, presionaron con éxito al gobierno británico para que tomara las medidas coercitivas, que en efecto, ejecutó, de acuerdo con los judicativos y1, y2..

Y así llegamos a la máxima aspiración presentada por el gobierno británico, y a las consecuencias que aún padecemos.


[1] Times, “Oro en Suramérica”, 9 de junio de 1879, en   Almécija Bermúdez, La estrategia imperial británica…,pp.  124-125.

[2]Datos tomados del cuadro 7 de:  Juan Almécija Bermúdez, La estrategia imperial británica en la Guayana Esequiba, Caracas, Universidad Andrés Bello, s/f, p. 61.

[3] Almécija Bermúdez, La estrategia imperial británica…,pp.  40.


3.3. Medidas del gobierno venezolano


A todo evento, se habían tomado algunas medidas para frenar el avance inglés. Los de índole político administrativo, han sido comentadas en anteriores artículos.

Entre 1870 y 1881, el gobierno creó un clima de confianza como lo entienden los mercados: ridículos impuestos a las actividades, máximas ganancias, mínimas para el país origen de la riqueza, además de todas las ventajas posibles en cuanto a transporte y seguridad.

En 1850, el gobernador de Guayana, capitán de navío José Tomás Machado, había creado la oficina recaudadora en Tupuquén, para cobrar el impuesto de 1/5 de lo producido en las minas. Luego de la Guerra Federal, el impuesto cobrado a las compañías mineras era del 10% sobre las ganancias netas, y la importación de maquinaria, libre de carga impositiva.

Luego de 1870, el impuesto fue sustituido por un canon anual, además que se realizaron importantes mejoras en la comunicación de las minas con el puerto de Las Tablas, lo que atrajo una avalancha de inversiones.

Tan feliz convivencia terminaría en 1886. Guzmán Blanco impondría a la compañía El Callao, la obligación de aportar el oro necesario para la acuñación en la recién creada Casa de la Moneda.

El embargo de las remesas de oro de las minas del Callao y de la Unión en diciembre de ese año, para los mismos fines, ocasionaron trastornos a la casa comercial Baring Brothers, y una caída de la cotización en la bolsa de valores.

Las noticias y el sensacionalismo fueron las consecuencias inmediatas.

La creación de la Casa de la Moneda en Venezuela, el 16 de octubre de 1886, produjo una gran inquietud entre las casas matrices de Londres, pues aquello significaba que nuestro país podría acuñar monedas de oro, crear reservas, y eventualmente, deshacerse de los contratos con la mayor parte de las empresas foráneas.

La acuñación tuvo una efímera vida, no profundizaremos en las razones, por las que fue eliminada la Casa de la Moneda en 1889.

La disminución violenta de las ganancias accionarias, por una baja pronunciada en la extracción en 1888, produjo una enorme conmoción en los mercados.

Y esto terminó de desatar los demonios.

























Manifestaciones antibritánicas realizadas en Duaca y Acarigua. 12 de enero de 1896.















Manifestaciones antibritánicas realizadas en Duaca y Acarigua. 12 de enero de 1896.


4. Conclusiones y Reflexiones

Conclusiones

Revisado como ha sido los conceptos de máxima predicación (W,X,Y), sostenido por categorías de cualidades reiteradas, podemos aportar el siguiente conocimiento:

1.          El gobierno venezolano actuó de manera punible, al exponer los intereses territoriales en el territorio esequibo, por causa del propio beneficio.

2.          El gobierno británico actuó dentro del esquema del imperialismo parasitario, en el que existe una tenue separación entre los intereses del Estado, y los fines personales.

3.          El uso de la amenaza, la invasión, y los recursos legales de prescripción y prescripción adversa, fueron los recursos utilizados por gobierno británico para perfeccionar actos punibles y beneficios comerciales.

4.          El conflicto del esequibo fue el corolario de la lucha, entre dos bandas de forajidos, de distinta naturaleza, e iguales objetivos.

 

Reflexiones

Efectivamente, el despojo del esequibo fue en el fondo, el resultado de rivalidades entre ávidos accionistas, dueños de concesiones, funcionarios públicos nacionales y extranjeros, por quedarse con la parte más productiva de la región, que era donde se encontraban las minas del Callao.

La reivindicación territorial del Esequibo no fue el objeto principal de la controversia desatada entre los años del ciclo de oro guayanés (1867-1888), y el Laudo del 3 de octubre de 1899.

La consecuencia evidente, fue el despojo territorial por quienes tenían los medios militares de mayor eficacia, para hacer valer sus intereses comerciales.

Los actores en el caso objeto de nuestro interés, estuvieron interconectados de una u otra forma con las decisiones del gobierno británico, específicamente en la confección de nuevos mapas de la llamada máxima aspiración, donde incluyeron pueblos venezolanos.

Estas acciones fueron justificadas por varios principios, esgrimidos en el Laudo:

1.          Posesión adversa.

2.          El efecto jurídico de las explotaciones mineras, como prueba eficiente de control político sobre el territorio.

El imperialismo parasitario prosperó porque los actores del gobierno venezolano siguieron las normas de juego que establece el utilitarismo y la ética protestante, sumándole una detestable deformidad de carácter, manifestada en el saqueo a los bienes de la nación, sin importar las consecuencias, y a pesar de eso, pretender nacionalismos inicuos, que han tenido la misma pervivencia, que las estatuas que Guzmán Blanco mandó a erigir para su propia gloria.

Es una simpleza afirmar que, debido al poder militar de Gran Bretaña, nuestro país asistió con los pantalones descosidos al laudo arbitral, y unas gangosas proclamas al mundo, denunciando la injusticia cometida, en las que mendigaba solidaridad, una que nunca llegó.

Venezuela vivía en aquellos días, una era marcial, un país cuyo único oficio productivo, había sido la guerra por casi una centuria, atiborrado de generales alzados y retrecheros, pero incapaz de presentar un respetable poder disuasivo. Esto es más complejo de reflexionar en tan pocas líneas, pero la esencia mantiene su vigencia.  Para mayores corroboraciones, obsérvese el caso de Chile en aquellos mismos días: un país pobre, sin mayores recursos, pero con una marina de guerra con unidades respetables, y un disciplinado ejército. Estas cosas cuentan.

Resulta desmotivadora la siguiente reflexión: si Guzmán Blanco, en lugar de otorgar a su hija por concepto de dote, un millón de libras esterlinas, hubiera invertido esa importante cantidad, que no salió de los ahorros de sueldos acumulados ni mucho menos, en una cancillería profesional, en infraestructura, y en un poder militar disuasivo, entrenado, y dotado, sin necesidad de llevar al país a una guerra abierta, habría obtenido otro resultado en el laudo. La ley en general está del lado del que tiene cañones, y del que se hace respetable por sus esfuerzos por ser próspero. Sólo habría que leer historia clásica. Es una realidad.

Nuestra falta de fe en las posibilidades propias, nuestra magnífica individualidad, el valor de la audacia sobre la preparación, el hábito de matarnos entre nosotros mismos, y negarle méritos al enemigo político, ayuda a un demoníaco proceso iniciado por el gobierno británico, a finales del siglo XVIII, una retorcida conducta escondida bajo eufemismos políticamente correctos.

Si prestamos atención a la histeria colectiva desatada en Guyana en tiempos recientes, por causa de los yacimientos petroleros descubiertos mar afuera, y lo comparamos con lo sucedido en Venezuela entre 1866 y 1899, encontraremos condiciones de contorno tan iguales, que parece un calco con puntos y comas.

Sabemos lo que pasa y cómo pasa, podemos anticipar con amplias probabilidades de éxito, buena parte de los eventos, sin embargo, respondemos de la misma manera: repetitiva, autómata, y comprobadamente ineficaz.


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Artículos de Internet

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